jueves 28 de enero de 2010
Yo Confieso #16
Nunca pude dejar las cosas para el día siguiente, ordenadas la noche anterior.
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Yo Confieso
martes 26 de enero de 2010
Si Me Vieras
Si me vieras, dirías que no soy la misma,
que soy un monstruo al que hay que acomodarle las ideas.
Que mi trabajo no debe ser tan bueno,
que mis amigos me llenan la cabeza.
Que tu régimen militar llora
cuando me ve dormir a la hora que quiero.
Que el celular y mis dedos no extrañan
contestar mensajes de texto a las ocho y cuarto de la mañana.
Que el agua del río los domingos me mira incrédula,
resfregandose los ojos
y piensa que mi presencia es un espejismo.
Que es imposible que te llore y te extrañe,
abrazada a tu recuerdo.
Que nunca te amé,
que nadie me va a amar como vos.
Que los sueños me confunden,
y quieren convencerme de algo que nunca fuiste.
Que nunca vas a ser.
Y acá mi vida sigue,
aunque cada vez que pase por los lugares que hicimos nuestros,
sienta una angustia tan grande, que hace doler el pecho.
Aunque mi cuerpo extrañe tanto tus besos.
que soy un monstruo al que hay que acomodarle las ideas.
Que mi trabajo no debe ser tan bueno,
que mis amigos me llenan la cabeza.
Que tu régimen militar llora
cuando me ve dormir a la hora que quiero.
Que el celular y mis dedos no extrañan
contestar mensajes de texto a las ocho y cuarto de la mañana.
Que el agua del río los domingos me mira incrédula,
resfregandose los ojos
y piensa que mi presencia es un espejismo.
Que es imposible que te llore y te extrañe,
abrazada a tu recuerdo.
Que nunca te amé,
que nadie me va a amar como vos.
Que los sueños me confunden,
y quieren convencerme de algo que nunca fuiste.
Que nunca vas a ser.
Y acá mi vida sigue,
aunque cada vez que pase por los lugares que hicimos nuestros,
sienta una angustia tan grande, que hace doler el pecho.
Aunque mi cuerpo extrañe tanto tus besos.
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Yo Escribo
domingo 17 de enero de 2010
Yo Confieso #15
Desde que tengo memoria, cuando me levanto para ir al baño en mitad de la noche, al entrar me imagino a Hitler o a Videla escondidos en la ducha y me da miedo.
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Yo Confieso
miércoles 13 de enero de 2010
Suspendida en el Aire
La cita planeada había quedado suspendida en el aire. Mis complejos casi arruinan el plan, haciéndole retroceder unos cuantos casilleros a mi deseo. Sus palabras y las mías prometían demasiado, tanto que era imposible recordarlo todo.
Dos horas antes de lo acordado, confirmé la cita, sin titubear. Los nervios se apoderaban de mi cuerpo y se hacían sentir en cada milímetro de mi piel. Era un mundo nuevo a descubrir, un territorio que jamás había explorado, pero me encontraba ansiosa de poder hacerlo.
Y llegó el momento. Un beso inocente en el portal no daba buenos augurios. Las dudas me acechaban. El caer bien e interesante me preocupaba. Hacerlo reír sería una señal de que iba por el sendero correcto.
Comenzó un larga charla, que duro varias horas. Su voz penetraba en mis oídos de la manera más dulce y nuestras risas se fundían , bailaban con las palabras y se hacían música.
La noche se iba acercando y la proximidad de nuestros cuerpos era más que aceptable. Los nervios fieles, seguían acompañandome como una sombra, hasta que un beso suave y cálido los esfumó por completo. Nuestros labios se volvieron inseparables, sus manos me recorrían entera con pasión. Con dulzura y simpleza, deslice las mías por todo su cuerpo.
Entre besos y caricias, nuestra ropa fue quedando atrás, en papel de espectador. Nuestros cuerpos se deseaban tanto que no podían controlarse. Tímidamente, comencé a recorrer su cuello haciendo un camino de besos apasionados. Los gemidos inundaron la habitación al sentirlo mío.
Cuando el cansancio se apoderaba de nosotros, su brazo fue la almohada más cómoda y sus caricias el sueño mas hermoso.
Dos horas antes de lo acordado, confirmé la cita, sin titubear. Los nervios se apoderaban de mi cuerpo y se hacían sentir en cada milímetro de mi piel. Era un mundo nuevo a descubrir, un territorio que jamás había explorado, pero me encontraba ansiosa de poder hacerlo.
Y llegó el momento. Un beso inocente en el portal no daba buenos augurios. Las dudas me acechaban. El caer bien e interesante me preocupaba. Hacerlo reír sería una señal de que iba por el sendero correcto.
Comenzó un larga charla, que duro varias horas. Su voz penetraba en mis oídos de la manera más dulce y nuestras risas se fundían , bailaban con las palabras y se hacían música.
La noche se iba acercando y la proximidad de nuestros cuerpos era más que aceptable. Los nervios fieles, seguían acompañandome como una sombra, hasta que un beso suave y cálido los esfumó por completo. Nuestros labios se volvieron inseparables, sus manos me recorrían entera con pasión. Con dulzura y simpleza, deslice las mías por todo su cuerpo.
Entre besos y caricias, nuestra ropa fue quedando atrás, en papel de espectador. Nuestros cuerpos se deseaban tanto que no podían controlarse. Tímidamente, comencé a recorrer su cuello haciendo un camino de besos apasionados. Los gemidos inundaron la habitación al sentirlo mío.
Cuando el cansancio se apoderaba de nosotros, su brazo fue la almohada más cómoda y sus caricias el sueño mas hermoso.
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Yo Escribo
viernes 1 de enero de 2010
Año Nuevo...
vida completamente nueva.
Sepan disculpar mi ausencia pero una serie de cambios importantes hicieron que mi vida haga un giro de 360 grados.
Gracias por leer.
Seguimos con la programación habitual.
Sepan disculpar mi ausencia pero una serie de cambios importantes hicieron que mi vida haga un giro de 360 grados.
Gracias por leer.
Seguimos con la programación habitual.
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Yo y Mis Locuras
sábado 19 de diciembre de 2009
Fuego
Corría el año mil novecientos noventa y cuatro, y con el, el miedo que nos había dejado el atentado a la AMIA. La paranoia se generaba ante el sonido de cualquier camión de bomberos o ambulancia. En la escuela nos enviaban a casa día por medio por "amenazas de bomba"
Yo tenía unos inocentes seis años cuando me dejaron sola cinco minutos un sábado de julio con mi hermano mayor, que era el tiempo que tardaba mi papá en alcanzar a la peluquería del barrio a mi mamá.
Por aquel entonces, en mi casa solo había dos habitaciones, en una dormían mis dos hermanos y en la otra, mis padres y yo. Cada vez que se iban, nos encantaba revisarles los cajones de las mesitas de luz. Al escuchar que habían cerrado la puerta, nos fuimos directamente a la habitación. Yo me puse a jugar con mis muñecas y peluches, mi hermano empezó a revisar el cajón de papá y apenas lo abrió encontró un encendedor. Lo prendía, lo apagaba, y yo no podía sacar la vista de esa luz que aparecía y se desvanecía. Cómo vio que llamaba mi atención, me propuso un juego: Tomar una hoja de diario, formar un especie de cono, en el cual resultaba ganador el que lo prendía y lo apagaba más rápido. Él fue muy veloz, pero yo no tuve la misma suerte; me puse muy nerviosa, el papel se quemaba cada vez más rápido hasta que de repente sucedió lo que ya era inevitable, del susto, lo dejé caer al suelo.
El fuego se fue propagando a máxima velocidad, encerrándome. Quedé inmóvil ante las llamas. Mi padre apareció entre ellas. Sus brazos me refugiaron y lograron salvarme de la muerte. La sirena de los bomberos cada vez se oía más cercana, el olor a quemado inundaba la manzana.
Todos mis juguetes y peluches, ropa y muebles eran cenizas. El humo pesado inundaba la casa y apenas podía respirar. Me desvanecí y desperté en la casa de mi abuela.
Al día siguiente, los vecinos me regalaban muñecos y libros, preguntaban a mamá que había pasado.
Su respuesta era "un cortocircuito".
Yo tenía unos inocentes seis años cuando me dejaron sola cinco minutos un sábado de julio con mi hermano mayor, que era el tiempo que tardaba mi papá en alcanzar a la peluquería del barrio a mi mamá.
Por aquel entonces, en mi casa solo había dos habitaciones, en una dormían mis dos hermanos y en la otra, mis padres y yo. Cada vez que se iban, nos encantaba revisarles los cajones de las mesitas de luz. Al escuchar que habían cerrado la puerta, nos fuimos directamente a la habitación. Yo me puse a jugar con mis muñecas y peluches, mi hermano empezó a revisar el cajón de papá y apenas lo abrió encontró un encendedor. Lo prendía, lo apagaba, y yo no podía sacar la vista de esa luz que aparecía y se desvanecía. Cómo vio que llamaba mi atención, me propuso un juego: Tomar una hoja de diario, formar un especie de cono, en el cual resultaba ganador el que lo prendía y lo apagaba más rápido. Él fue muy veloz, pero yo no tuve la misma suerte; me puse muy nerviosa, el papel se quemaba cada vez más rápido hasta que de repente sucedió lo que ya era inevitable, del susto, lo dejé caer al suelo.
El fuego se fue propagando a máxima velocidad, encerrándome. Quedé inmóvil ante las llamas. Mi padre apareció entre ellas. Sus brazos me refugiaron y lograron salvarme de la muerte. La sirena de los bomberos cada vez se oía más cercana, el olor a quemado inundaba la manzana.
Todos mis juguetes y peluches, ropa y muebles eran cenizas. El humo pesado inundaba la casa y apenas podía respirar. Me desvanecí y desperté en la casa de mi abuela.
Al día siguiente, los vecinos me regalaban muñecos y libros, preguntaban a mamá que había pasado.
Su respuesta era "un cortocircuito".
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Yo y Mis Locuras
miércoles 16 de diciembre de 2009
Yo Confieso #14
Cuando me desvelo sólo logro conciliar el sueño cuando amanece.
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Yo Confieso
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